Un muerto y medio

Roca Editorial, 2007

Versione spagnola di Di nome faceva Michele (traduzione di Patricia Orts)

LA TRAMA

Detrás de la iglesia hay un muerto. Junto a él, agonizante, el valeroso párroco que ha tratado en vano de detener al asesino.
La única persona que ha visto, o que podría haber visto algo, es un joven retrasado  cuya credibilidad queda de inmediato descartada.
Estamos en Sicilia.
El escenario del crimen es un parque de Palermo, un oásis herido por una desaprensiva operación de especulación inmobiliaria.
El comisario  Giovanni Porzio, que esgrime su poder con desenvuelta presunción, es un solista de la investigación. Los casos le pertenecen. Sólo que esta vez el asunto resulta  tan inextricable que el policía se ve forzado a recurrir a la colaboración de los únicos agentes que merecen su confianza, Anselmo Faraci y Giulio Chimenti, y de un médico legal apasionado de hard rock con el que le une una vieja relación de aprensión.
Sobre el ardiente tablero de la ciudad en agosto, dos mujeres mueven sus fichas entre amor y soledad, esperanza y resolución.
Susanna Maggi, secretaria de empresa, sigue el rastro de un amante que jamás regresará. Martina Ferreri, una aspirante a escritora que lleva siete meses encerrada en su casa, espía al barrio a través de los telediarios de una cadena privada, a la par que redacta páginas y páginas de misteriosa identificación con la víctima.
Pero ¿es una sola, la víctima? Y ¿qué es lo que ha sucedido en realidad? De acuerdo con la tradición aristotélica de la novela negra clásica, y mediante una serie de juegos de prestidigitación perfectamente lógicos y motivados, la escena se compone y descompone una y otra vez: el saldo de muertos se torna precario, los movimientos de los vivos —de los supervivientes— aparentemente incomprensibles, y el lector es guiado a través de las sucesivas transformaciones del cuadro inicial hasta llegar a un final dramático y sorprendente.
Todos, por instinto, conveniencia o estrategia, tratarán de averiguar su propia verdad. Verdad que les conducirá detrás de la iglesia, donde hay un muerto.
O, para ser más exactos, un muerto y medio.

  

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